En Chile, más de 1.800 plantas farmacéuticas en el extranjero abastecen el país. Son instalaciones clave para garantizar el acceso oportuno a medicamentos, en un sistema que depende crecientemente de cadenas de suministro globales. Sin embargo, entre 2023 y 2024, el Instituto de Salud Pública (ISP) fiscalizó presencialmente solo 7 de ellas.
La cifra no es menor. Refleja una brecha estructural entre la complejidad del sistema y la capacidad efectiva de supervisión. Cuando hablamos de medicamentos, no se trata solo de disponibilidad, sino también de estándares que aseguren calidad, seguridad y trazabilidad en todo momento.
Este desafío no es exclusivo de nuestro sistema. A nivel internacional, las agencias regulatorias han debido adaptarse a una industria altamente integrada, fortaleciendo los mecanismos de fiscalización, la cooperación entre autoridades y el uso eficiente de los recursos. En ese contexto, la supervisión de plantas en el exterior requiere no solo voluntad, sino también capacidades técnicas y herramientas de control modernas.
Esta realidad contrasta con el esfuerzo sostenido que realizan los laboratorios con presencia productiva en nuestro país, que invierten de manera permanente en infraestructura, cumplimiento regulatorio y estándares de calidad, bajo la fiscalización directa y continua de la autoridad sanitaria. Se trata de una apuesta por el mercado chileno que no solo fortalece la capacidad productiva, sino que también asegura condiciones de control mucho más exigentes y verificables.
En este contexto, resulta necesario avanzar hacia un marco regulatorio que reconozca estas asimetrías y promueva condiciones más equilibradas, en las que las exigencias sean proporcionales al origen y al riesgo de los productos que ingresan al país.
Cerrar esta brecha es una tarea que merece atención. Requiere una mirada estratégica que permita fortalecer al ISP, dotándolo de mayores mecanismos de acción y avanzar hacia modelos de supervisión más acordes con la realidad global. Porque en salud, la confianza no es opcional. Se construye sobre ecosistemas que funcionan, criterios cumplidos y un sistema de control a la altura de los desafíos.